Lección de vida

13 12 2010

El pasado día 1 de diciembre tuvimos la gran oportunidad de tener, en exclusiva para nosotros, al profesor Carlos López Otín en PRODINTEC. El profesor nos dedicó 2 horas de su muy cotizado y escaso tiempo para darnos una charla sobre su trabajo, uno de los más valorados en  el mundo científico internacional.

Momento de la charla

No en vano, el equipo de López Otín aborda 3 temas que forman parte de la Frontera del Conocimiento: el envejecimiento, el cáncer y la propia esencia de la vida. Nos explicó, con la claridad que le habilita un dominio absoluto de la materia y una experiencia curtida en mil batallas, claves de Biología Molecular, Bioquímica y Genómica, a un grupo de personas absolutamente legos en esas disciplinas, pero que le seguimos con absorta atención y auténtico entretenimiento.

López Otín habla tranquilo, y nos introduce suavemente en temas complejos como la mutación genética o la autofagia celular, o más curiosos como el canto del pinzón cebra, transmitiendo el conocimiento de forma generosa, disfrutando del placer de enseñar. Pero sus enseñanzas no se limitan a la Biología, sino que, inconscientemente, son también de humanidad, de pasión por el trabajo y  de sano orgullo profesional.

Humanidad que demuestra una persona colmada de distinciones y premios, que es sensible al dolor de una persona aquejada de una enfermedad incurable como la progeria (el envejecimiento prematuro), los problemas de integración de los niños superdotados, o, simplemente, al atender, durante un cotidiano paseo por Salinas, el saludo admirado de un desconocido, orgulloso de que su hijo comparta con el profesor la pasión por la Ciencia. Gracias a ese fortuito encuentro, fue como surgió la organización de esta jornada.

El mensaje de la pasión por el trabajo rezuma por los poros de López Otín en cada gesto, en cada explicación, en cada nueva transparencia que añade a su presentación y en las ganas de aprender que confiesa en tan diversos temas y en toda ocasión que se presente. Es realmente reconfortante.

Por último, y no menos importante, me encantó cómo se refirió a sus alumnos y a los miembros de su equipo, que cita por su nombre y apellidos, describiendo en detalle el trabajo encomendado a cada uno, y presumiendo con sano orgullo de cada avance conseguido, sin ocultar los fracasos, también presentes, e inherentes la labor investigadora, tantas veces ingrata con el esfuerzo.  

De las 29.200 tardes que podemos esperar vivir, si el equipo de López Otín no lo remedia antes, descubriendo la solución a la fórmula de la plasticidad del envejecimiento, la del pasado miércoles será una que no olvidaremos. Seguro. Muchas gracias, profesor.

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